sábado, 5 de mayo de 2012

CONSENTIMIENTO INFORMADO


Desde los mitos sobre Esculapio y desde los tiempos de Hipócrates, el práctica de la medicina siempre ha estado rodeada de la mirada pública en la medida que el médico trabaja con la vida y la salud de los pacientes. Eso hizo que la gente común mirara a los médicos con respecto y hasta reverencia. Por ejemplo, en la Roma Antigua se consideraba un honor el ser atendido por un médico, de ahí que el médico no recibiera remuneración por sus servicios, sino un Honorarium, es decir una forma de agradecimiento por haber tenido el honor de haber recibido los servicios de tan insigne personaje.

Esto obviamente fijó en la mente de la gente la imagen del médico paternalista, aquel que sin lugar a dudas sabe y conoce lo que le conviene al paciente, quien no podía opinar al respecto, puesto que hacerlo implicaba dudar o desconfiar de la palabra del médico.


Sin embargo, en el tiempo, la práctica médica se ha ido nutriendo con otros conceptos, llegando a incorporar no sólo aportes de ciencias naturales y ciencias exactas, sino además recibiendo aportes de la filosofía y la ética. No es que la medicina estuviera ausente de ética, pero ésta se orientaba más hacia el plano deontológico.

En el transcurso de los años, el reconocimiento de los derechos humanos no podía ser exento a la ciencia médica, lo que implico además un cambio en las relaciones médico paciente.

Reconociendo los derechos humanos (dentro de ellos el derecho a la vida, la integridad, a la autonomía), se reconocieron también los derechos de los pacientes. No olvidemos que los derechos humanos se basan en el reconocimiento de la calidad y dignidad del ser humano, y el estado de salud del paciente no lo hace perder su calidad de tal.

Uno de los derechos fundamentales del paciente es justamente lo que da origen al CONSENTIMIENTO INFORMADO.


EL CONSENTIMIENTO INFORMADO 
Es la manifestación voluntaria, libre y racional realizada por un paciente, de la aceptación a un tratamiento, luego de haber sido informado del mismo y de habérsele respondido todas sus dudas de manera adecuada y suficiente. Es la aceptación de una intervención médica por el paciente en forma libre, voluntaria y consciente, después que el médico le haya informado de la naturaleza de la intervención con sus riesgos y beneficios, así como de las alternativas posibles con sus respectivos riesgos y beneficios.

Al enfermo le asiste el derecho de estar informado sobre la prescripción de medicamentos y las decisiones terapeúticas tomadas por el juicio del médico, las cuales en el mejor de los casos están enmarcadas en una suerte de paternalismo. La relación médico paciente ha sufrido cambios que han dejado obsoletos los modelos clásicos paternalistas, a las personas se les ha reconocido derechos y valores en todos los modelos de la relación humana, lo que hace que los pacientes exijan que sean respetados estos derechos a la hora de tomar decisiones que les implican. Esta situación reconocida como derechos de las personas ha generado el resurgimiento de una disciplina como la bioética.
El reconocimiento de los derechos de los pacientes no debe entenderse como una concesión, sino como un corolario de la dignidad y autonomía de las personas, y por lo tanto, como una obligación en la relación médico paciente.